El fin del ojo clínico

Baltazar Michel
Cuando el sonido del motor cede su lugar a los sensores

Por Baltazar Michel

El campo argentino siempre mantuvo un vínculo muy estrecho con la mecánica tradicional.

Es innegable que ningún avance tecnológico podrá reemplazar la belleza de la sencillez dela mecánica básica y clásica. Sin embargo, el ojo del operario guiándose únicamente por el sonido del motor está cediendo su lugar a un entorno mucho más silencioso y milimétrico.

Hoy, los catálogos de maquinaria no solo muestran potencia y capacidad productiva, ahora también se mide por igual la capacidad de procesar datos en el lote. Para los esquemas de producción agrícola más exigentes, donde cada litro de gasoil y cada semilla son determinantes a la hora de armar los presupuestos y cerrar el Excel con los márgenes de la campaña, dar el salto tecnológico dejó de ser un lujo para convertirse en una necesidad agronómica.

Por un lado, las cabinas se han transformado en verdaderos centros de telemetría. Los sistemas de gestión actuales no sólo monitorean, sino que ajustan la transmisión y el régimen del motor en tiempo real según la demanda puntual de torque y el patinamiento, optimizando el combustible al máximo. Del otro lado del enganche, innovaciones disruptivas como los trenes de siembra electrificados, están jubilando a la vieja cinemática de cadenas y engranajes.

Para caracterizar mejor estos avances, traigo a colación ciertas propuestas que han sacudido el tablero de la vanguardia tecnológica:

Potencia a medida: transmisiones electrónicas al servicio del ahorro

Dejando atrás el tren de siembra de Plantium, el otro gran frente de innovación hoy pasa por la cabina y la eficiencia en el uso del tractor. Las últimas generaciones de esta infaltable herramienta, han logrado devolverle al operario un mayor aprovechamiento de los litros de combustible. Con distintos estilos, la gama mas equipada de tractores de las conocidas John Deere, Case, New Holland (y seguramente varias chinas que han invadido el mercado) han incorporado transmisiones automáticas gobernadas por módulos electrónicos capaces de medir la demanda de potencia en el momento y así realizar un ajuste en la relación de marcha de ser necesario. De forma tal que, una vez asignada la velocidad de trabajo al monitor del tractor, automáticamente se ajusta la transmisión para lograr un régimen de vueltas óptimo entre la potencia demandada y el consumo de combustible.

Sumado a esto, en el caso de John Deere por ejemplo, esta información no solo queda ahí, sino que sale de la cabina de forma inalámbrica a la nube de esta marca, conocida como John Deere Operations Center, de donde se pueden descargar los datos recopilados por el

tractor durante la labor.

Como conclusión, debo admitir que en mi corazón no se podrán reemplazar esos duros embragues ni el crujir de un engranaje recto, pero la realidad es que la adopción de la tecnología es la única forma de mantenerse competitivo en el ámbito agrícola, sobre todo cuando la tendencia está dejando números cada vez más finos y márgenes tan ajustados.

Además me llena de orgullo que desarrollos nacionales logren tan altos niveles de precisión y entiendan tan bien las exigencias de nuestros lotes. La nostalgia por la mecánica pura siempre va a estar, pero el futuro de la agronomía nos exige evolucionar; hoy, el mejor homenaje que le podemos hacer a la historia de nuestro campo es producir de la manera más eficiente e inteligente posible.

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