"Duplicar el campo sin comprar una hectárea": el potencial de la ganadería regenerativa

Ganadería regenerativa: un modelo que vincula producción, manejo holístico y captura de carbono

La Sociedad Rural Gualeguay fue sede de un nuevo encuentro de Regenera Gualeguay, donde especialistas y productores analizaron la aplicación de la ganadería regenerativa como modelo de producción, los resultados obtenidos en establecimientos de Entre Ríos y las oportunidades que ofrece la generación de créditos de carbono a través del programa Sara.

Un modelo basado en la rentabilidad y la resiliencia

Pablo Borrelli, impulsor de la ganadería regenerativa en Argentina, definió este enfoque como un "modelo de negocios" orientado a alcanzar "rentabilidad y resiliencia". Explicó que "un sistema es regenerativo cuando logra que ese ecosistema empiece a funcionar como tiene que funcionar, funcione saludablemente, promueva la vida" y señaló que la regeneración constituye una "variable de resultado".

Según Borrelli, el proceso de transformación "empieza en el chip, en la cabeza" y tiene como objetivo incrementar el "capital social y el capital biológico" de las empresas agropecuarias.

Manejo holístico en Entre Ríos

En Entre Ríos, la implementación de este modelo es coordinada por Daniel Sánchez, responsable provincial desde 2021. El técnico indicó que el equipo acompaña a "productores y empresas en transición" mediante la aplicación del manejo holístico, al que describió como una "herramienta de gestión" que puede ser "practicada por cualquier persona de campo".

Actualmente existen 19 establecimientos que aplican manejo holístico en la provincia, con una superficie cercana a las 10.000 hectáreas. De ese total, 3.560 hectáreas forman parte del programa de carbono Sara.

Sánchez explicó que el sistema busca que las decisiones productivas contemplen simultáneamente aspectos sociales, económicos y ambientales.

La experiencia de un establecimiento en transición

Durante la jornada, el ingeniero Freddy Arnold compartió la experiencia desarrollada en el establecimiento El Destino, donde administra 1.000 hectáreas, de las cuales el 90% posee aptitud agrícola.

Arnold explicó que decidió abandonar el modelo productivo tradicional luego de la crisis de 2008. "El suelo lo convertimos en un drogadicto", expresó al describir la dependencia creciente de insumos, y agregó que estos "aumentan de precio y tenés que cada vez ponerle más para que la cosa ande".

Actualmente el establecimiento trabaja con "cero agroquímicos, cero fertilizantes" y aplica altas cargas instantáneas de pastoreo, llegando a utilizar "700 vacas en 5 hectáreas" durante períodos determinados.

Entre los resultados observados mencionó una mejora en la infiltración del agua. Señaló que, mientras en establecimientos vecinos se producen anegamientos, "las vertientes dentro del campo más o menos se mantienen activas".

También indicó que el Índice de Salud Ecológica (ISE) del establecimiento pasó de 26 a 53 desde el inicio del proceso de transición.

La genética como complemento del sistema

Exequiel Sack, representante de Genética del Este, planteó que la producción debe medirse en "kilos por hectárea regenerada" y sostuvo que "el disparador de que todo esto funciona son las vacas".

Según explicó, existe una relación entre el tamaño del animal y la eficiencia productiva. "Cuanto más grande es la vaca, más ineficiente es esa relación" entre el peso de la madre y el del ternero, afirmó.

Sack señaló que su criterio de selección considera que "el 70% es el ambiente y el 30% es la genética", por lo que busca animales adaptados a sistemas "absolutamente a pasto".

En ese sentido, sostuvo que el objetivo es identificar "las vacas que pueden acumular grasa en un campo de cría", ya que "cuando yo tengo las raíces con salud y las vacas con grasa, esa empresa maneja dentro del campo los resultados productivos".

Indicadores de productividad

Borrelli presentó datos correspondientes a 66 establecimientos que aplican el modelo regenerativo. Según esas estadísticas, los predios registran actualmente "un 53% más de pasto" respecto del momento en que iniciaron el proceso de transición.

Añadió que, en aquellos establecimientos donde el manejo se aplica de manera consistente, el incremento promedio alcanza entre el 90% y el 100%.

"Es como duplicar tu campo sin gastar dinero", afirmó.

De acuerdo con los registros presentados, durante el primer año la producción de pasto aumenta alrededor del 30%, mientras que hacia el segundo o tercer año el incremento se aproxima al 90%.

En cuanto a los indicadores reproductivos, señaló que en establecimientos de la región pampeana se obtienen porcentajes de preñez de entre 90 y 95%, con niveles de destete cercanos al 90%.

El programa Sara y la generación de créditos de carbono

Uno de los ejes del encuentro fue la presentación del programa Sara, una iniciativa de carbono desarrollada para los ecosistemas de la región pampeana que busca acompañar la transición desde sistemas tradicionales hacia la ganadería regenerativa mediante un incentivo económico.

El programa se basa en el principio de adicionalidad, por el cual se cuantifica el carbono adicional acumulado en el suelo como consecuencia del cambio de manejo. Ese diferencial se transforma en créditos de carbono certificados bajo el estándar internacional Verra y comercializados en el mercado voluntario.

El esquema considera que la captura de carbono es un atributo asociado a sistemas que regeneran la salud del suelo. Para participar, los establecimientos deben haber iniciado la transición a partir de julio de 2019 y aplicar estas prácticas sobre pastizales naturales o pasturas perennes, quedando excluidas las superficies agrícolas, los bosques y los humedales.

Además, el productor debe asumir los costos correspondientes a la planificación del pastoreo y a la medición de los resultados ecosistémicos mediante el estándar GRASS, requisito necesario para la certificación del carbono acumulado.

Resultados económicos

De acuerdo con los datos presentados durante la jornada, las primeras etapas del programa registran una acumulación promedio de 2,5 toneladas de carbono por hectárea por año.

Según las proyecciones expuestas, la comercialización de créditos de carbono puede incrementar el margen bruto de un sistema de cría extensivo respecto del resultado obtenido únicamente por la producción ganadera.

El esquema de distribución establece que el productor recibe inicialmente el 55% del valor generado por la venta de los créditos, participación que aumenta hasta el 70% luego de diez años de permanencia en el programa.

De esta manera, el programa Sara incorpora una fuente adicional de ingresos para los establecimientos que implementan prácticas de manejo regenerativo y certifican la captura de carbono alcanzada mediante la mejora de la salud del suelo.