Ruben Berardo explica que la motivación surgió al buscar alternativas para áreas específicas: "tenemos muchos campos de monte... y esa ganadería necesita pasto de calidad para terminarla". Ante esto, el concepto fue "incorporar estos sistemas donde tenemos ganadería obligada" y "neutralizamos la pérdida de la renta de la pradera contra la agricultura con los árboles arriba". “Nos pareció importante incorporarle a la ganadería bienestar animal con la sombra y también lo pensamos para aquellas zonas linderas a las ciudades donde no se puede hacer agricultura tradicional con pulverizaciones, estábamos haciendo una ganadería muy básica en estas zonas por este tema y pensamos qué pasa si hacemos una plantación de eucaliptos que no necesita agroquímicos, hicimos estos ensayos también un poco para que otros productores los vean y tal vez lo empiecen a hacer , porque cuantos más seamos los que hacemos esta actividad en la zona más atractivo se vuelve para los aserraderos comprarnos nuestra producción”. La plantación ya cuenta con 150 has con la visión de alcanzar las 800/900 has, esto- señala Rubén – “es para que una vez que arranque el ciclo de corte que es de 12 años, tengamos entre 70y 80 has por año de corte y un ingreso estimado de U$ 280/300.000 por año”.
Sofía Berardo, estudiante de ingeniería en Ciencias Ambientales, aporta la perspectiva de la nueva generación en la empresa. Sobre el interés en la actividad, Ruben señala que "cuando empezamos con esto y hablamos de los bonos de carbono... se engancharon muchísimo en esto". Por su parte, Sofía destaca que es una iniciativa novedosa porque permite integrar tres líneas de negocio, la ganadería, la producción de madera y los bonos de carbono certificando la reducción de la emisión de dióxido de carbono que se libera en la atmosfera; dándole un lado más ambiental al proyecto”.
Genética y adaptación al clima local
La elección de la especie se centró en el eucalipto, descartando el pino porque "demora 20 años, 22 años en llegar a la edad de corte... y la madera tiene menos valor". En el sur de Entre Ríos, el desafío principal son las heladas, por lo que el Eucalyptus grandis puro que es el material utilizado en plantaciones más al norte, no funciona adecuadamente. En su lugar, optaron por un híbrido desarrollado por el INTA: "hicieron un clon cruzando dos variedades el grandis y el camaldulensis que es el Eucaliptus colorado que es mucho más resistente al frío, entonces no se te hiela tanto".
Ruben detalla que probaron diversos materiales: "plantamos 11 clones distintos, de los 11 quedaron tres". Entre los seleccionados se encuentran el GC59, el 135, el G8 y el G9. A pesar de su vigor y mayor resistencia al frio, este híbrido presenta particularidades, ya que "se raja la madera porque es más pesada, tiene más densidad que el grandis puro", lo que requiere buscar mercados específicos como "varilla, poste, pisos o para hacer chip o placas".
Manejo del sistema y desafíos técnicos
El proceso de implantación requiere precisión temporal: "esto hay que plantarlo medio como el maíz en septiembre para que el árbol crezca y haga raíz" antes de la sequía de enero, pero cuidando de "escapar a la helada". El manejo del suelo incluye una "zanja de 50 cm de profundidad para romper todo abajo". No obstante, la empresa enfrentó dificultades por residuos químicos de la actividad previa: "nos dimos cuenta que había herbicidas residuales... el eucalipto es muy sensible a algunos herbicidas que se usa para controlar el yuyo colorado en la soja. La pradera sembrada primero es alfalfa y luego vinieron las plantaciones de eucaliptus implantados a dos hileras con una distancia entre arboles de 3,5 mts y 21 mts de franjas de pastura donde se realiza el pastoreo.
En cuanto al manejo del árbol, la poda es fundamental para la calidad comercial: "la poda del eucalipto es para que el nudo se oculte y todo lo que viene luego es madera sin nudo con un valor comercial mucho mayor". Realizan una primera poda hasta los 2,5 metros y una segunda con "mango telescópico hasta los 4 metros y pico". La estructura de plantación busca tener entre "200, 250 a 300 árboles por hectárea para que la producción de madera sea interesante" y permitir que entre la mayor cantidad de luz para el pasto.
Las plantaciones tradicionales tienen entre 800 y 1100 árboles por hectárea de acuerdo al destino de la producción, pero en principio fueron descartadas ya que durante el periodo de 12 a 15 años se generan gastos sin ningún ingreso por lo que se prefirió el sistema silvopastoril integrado con ganadería con pasturas en los cuales se produce carne. La plantación tradicional se la realizaría mas al norte donde la producción de biomasa es mayor.
El costo de implantación de los árboles es de U$500 por ha, luego cada poda cuesta alrededor de u$ 80 las cuales se realizarán entre 2 y 4 en el periodo que se estima entre 12 y 15 años dependiendo de a que mercado queremos vender la producción. El valor estimado de las toneladas producidas al final del ciclo es de u$ 4.000, los aserraderos usualmente compran el cultivo en pie y se encargan no solo del corte sino también de los traslados al aserradero por lo que una buena ubicación del campo es preferida a la hora de sacar los camiones con madera. A estos costos debemos agregarles control de hormigas y dependiendo del año riego si los árboles son pequeños.
Integración ganadera y beneficios impositivos
El pastoreo comienza aproximadamente al año y medio de la plantación. Ruben indica que utilizan "terneros de 200, 250 kg, un animal liviano". El esquema se basa en un "pastoreo rotativo" donde "lo importante es que no haya sobrepastoreo porque donde hay sobrepastoreo ahí lo empiezan a morder".
Desde el punto de vista económico, el sistema ofrece ventajas financieras frente al esquema de macizo tradicional. Mientras que en un macizo hay que esperar 12 o 14 años sin ingresos, en el silvopastoril "al año y medio ya estás produciendo carne". Según los cálculos de la empresa, el sistema "a siete quintales y medio de alquiler nos equipara a una renta de soja con menor riesgo". Además, existe un beneficio impositivo relevante: "esto prácticamente no paga impuesto a las ganancias, pagas impuesto a la ganancia por el último año, no por todos los años anteriores".
Proyección, bonos de carbono e impacto social
A futuro, los Berardo ven una oportunidad de impacto en la comunidad local. Para Sofía, el desarrollo de sistemas silvopastoriles en Berardo Agropecuaria no se limita a una decisión técnica o económica, "está bueno saber que estás produciendo con impacto a algo... un potencial impacto social".
La proyección de la empresa incluye la posibilidad de integrar nuevas unidades de negocio que funcionen como un motor social para la región de Urdinarrain. Menciona que, si el proyecto logra expandirse ó replicarse, existe la intención de instalar "un aserradero" o un "vivero", los cuales podrían integrarse formalmente al proyecto como su "parte social”. Ella reflexiona sobre el hecho de que "siempre se habla de que el campo no genera tanta mano de obra como el resto de las industrias", y si bien reconoce que esto puede tener algo de cierto en esquemas tradicionales, sostiene firmemente que con este tipo de innovaciones forestales "también hay formas de intentar cambiarlo" y generar un impacto positivo y real en la sociedad.