Raíces y Genética: La Evolución de una Cabaña Angus en Perdices

Karina Escola
Ubicada en Perdices, Entre Ríos, Cabaña La Corona es el testimonio de un legado familiar que se extiende por cinco o seis generaciones

Lo que hoy es un proyecto ganadero de punta, nació de una transición profunda: la familia pasó de tener la ganadería y la cría de caballos como un pasatiempo a transformarlo en un negocio profesional. Nicolas Czar, quien lidera esta evolución, explica que hace diez años decidieron "embarrarse de verdad" y tomar la actividad en serio porque, como él mismo afirma, la ganadería "estaba carísimo como hobby".

El crecimiento de la cabaña no se basó en la expansión territorial, sino en la intensificación "puertas adentro". Czar destaca que, aunque mantienen la misma cantidad de hacienda que hace cinco años, la calidad ha dado un salto exponencial: pasaron de no vender toros a ofrecer reproductores con genómica enriquecida y altos estándares de producción. Esta transformación fue un proceso gradual:"fuimos haciéndolo todo de a poco", combinando un estilo de vida con un modelo de negocio sólido. Nicolas Czar explica que el establecimiento está diseñado para una capacidad de 420 vacas madres. En cuanto a la comercialización, la cabaña se especializa en dos productos clave: toros de dos años y vaquillonas preñadas. Czar destaca que han optado por vender las hembras con su segundo servicio, es decir, que ya hayan tenido su primera parición, para ofrecer un producto más seguro al cliente que a veces "le esquiva a las del primer servicio".

El papel de la genómica y los datos: El "papel" que garantiza calidad

En La Corona, la información es un pilar innegociable. Para Czar, el uso de datos es una cuestión de transparencia y profesionalismo: "Si no me mostrás datos es como que me muestres un auto y no tengas los papeles". Por ello, la cabaña invirtió tres años de arduo trabajo para integrar la genómica en todo su rodeo.

Hoy, todos los toros que salen a la venta cuentan con genómica enriquecida, una herramienta que Czar considera indispensable para el futuro de la industria: "Yo creo que el que no tenga datos en 10 años no vende un toro". Estos datos permiten a los clientes elegir animales a medida, basándose en caracteres específicos como facilidad de parto, crecimiento, área de ojo de bife o docilidad, asegurando que el productor compre exactamente lo que su lote necesita.

El manejo diario

El funcionamiento cotidiano de la cabaña está bajo la experta supervisión de Claudio Echegaray, el encargado del establecimiento, quien trabaja en conjunto con un equipo de asesores en genética, sanidad y nutrición. El manejo está diseñado para un tope de 420 vacas madres, con un seguimiento exhaustivo que comienza desde el nacimiento.

Claudio relata que, durante la época de parición, se controlan los rodeos mañana y tarde: "Si ya parió una, la controlamos, pesamos, anotamos la caravana de la madre, le ponemos la caravana que le pertenece a él". Toda esta información se registra inmediatamente en un grupo digital para que no se pierda ningún detalle. Uno de los momentos más críticos es el destete en abril, donde los terneros pasan de 3 a 4 días en el corral para aprender a comer y a respetar el cerco eléctrico. "Claudio los saca educaditos", bromea Czar, subrayando que este manejo facilita la convivencia con el animal durante los dos años siguientes hasta su venta.

Preparándose para la primera exposición: "Aprender rodando"

Este año marca un hito para La Corona: su primera participación en una exposición rural, específicamente en Gualeguaychú. Aunque anteriormente Czar participó en exposiciones con caballos, llevar bovinos representa un desafío logístico y emocional diferente. La preparación para este debut ha requerido que el equipo domine técnicas que antes les resultaban ajenas, como la "peluqueada", el tatuaje preciso y la marca a fuego de los números.

Para este estreno, la cabaña llevará tres toros de dos años y cuatro terneros nacidos en el último ciclo. Czar reconoce que salir a competir y someterse a una venta fuera de su entorno habitual genera estrés, pero lo ve como una etapa necesaria de sociabilización y crecimiento: "No sé si Claudio sabe lo que le espera... pero bueno, hay que aprender rodando". Al final del día, el objetivo sigue siendo el mismo: demostrar la solvencia de sus datos y la rusticidad de un animal criado con pasión y rigurosidad técnica.