Clima y producción agropecuaria: los nuevos síntomas de El Niño en octubre, qué esperar y qué errores evitar, según Pablo Mercuri (INTA)

Karina Escola
Frente al desarrollo del fenómeno climático en la región, lejos de las recetas rígidas, Mercuri propuso abordar la campaña con un seguimiento dinámico

Los nuevos síntomas de El Niño en octubre

El fenómeno de El Niño se encuentra plenamente en desarrollo a escala global, impulsado por el calentamiento del Pacífico Ecuatorial y la desaceleración de los vientos alisios. No obstante, su manifestación en el sudeste de Sudamérica durante el inicio de la primavera presenta particularidades analizadas en detalle por el especialista del INTA.

Entre los síntomas más sobresalientes observados hasta octubre destacan las intensas nevadas en la alta cumbre de la Cordillera de los Andes, un evento excepcional tras varios años de déficit hídrico. Al respecto, Mercuri remarcó que, “desde el punto de vista de recuperación del parque de nieve en las altas cumbres, ha sido muy beneficioso”, advirtiendo al mismo tiempo sobre “toda la alerta que puede haber ahora en el momento de deshielo, y situaciones de riesgo que puede generar”. Asimismo, se registraron lluvias de gran magnitud en el sur de Brasil y la cuenca del río Iguazú, provocando crecidas y desbordes puntuales.

A diferencia de otros eventos históricos, el inicio de la primavera en la región pampeana argentina no comenzó con precipitaciones abundantes de manera inmediata. El especialista explicó que esto responde a la presencia de un Atlántico Sur más frío de lo normal: “El Atlántico Sur está más frío que lo normal (...) es una de las hipótesis especialmente de por qué no cobran fuerza en este momento [las lluvias] en muchas áreas centrales de la región”. A esto se suma la hipótesis de una menor humedad transportada desde la cuenca amazónica por menor evapotranspiración. Sin embargo, la dinámica frontal comenzó a normalizarse en octubre: “Las lluvias que ocurren son más regionales, cubren un territorio más amplio, entonces vamos a tener menos disparidad en registro (...) disminuyen los días entre lluvias”.

Qué se sabe que puede esperarse para la campaña

A medida que se avance hacia el cierre de la primavera y el comienzo del verano, la modelación climática indica una clara confluencia de precipitaciones por encima de los promedios históricos sobre la región central del país, abarcando la zona núcleo, el oeste y norte de Buenos Aires, Córdoba y el Litoral. Según indicó Mercuri, “en el centro del país, en la región pampeana, esas posibilidades llegan (...) la mayor proyección estaría bien avanzada la primavera, hacia fin de primavera o inicio del verano”.

En materia térmica, las proyecciones muestran una prevalencia de temperaturas medias frescas o por debajo de los valores normales en las áreas centrales: “En temperaturas (...) las predicciones están diciendo que continúa más fresco, como venimos en general usando hoy las temperaturas”. Este escenario térmico moderado estará acompañado de un incremento significativo de la humedad relativa y mayor cobertura de nubosidad.

Desde la perspectiva productiva, la mayor disponibilidad de agua almacenada en el perfil se traducirá en incrementos en los rendimientos promedio para los principales cultivos extensivos. Mercuri subrayó que, “a nivel de país, la alta disponibilidad de agua que nos viene de este evento es, desde el punto de vista productivo, su beneficio”. Sin embargo, aclaró que el impacto en el territorio será gradual y acumulativo: “Este año va a haber un desfasaje producto de que en casi todos los ecosistemas, incluso hasta en el suelo (...) tenés un 'buffer' con más posibilidades de almacenar agua (...) entonces va a haber un desfasaje entre acumulación de lluvias y el impacto territorial”.

Lo que hay que evitar en la gestión agronómica

Para capitalizar las oportunidades del ciclo y mitigar los riesgos de anegamiento o pérdidas de rendimiento, el análisis del INTA sintetiza las principales pautas que el productor debe evitar:

  1. Evitar guiarse ciegamente por analogías históricas: Mercuri advirtió que buscar espejarse en campañas pasadas (como 1997/98 o 2015/16) es un error frecuente: “Es un gran error (...) comparar lo que ocurrió no siempre vuelve a ocurrir. Cuidado con solamente creer que lo que ocurrió va a ocurrir o que nos basemos en una analogía; no quiere decir que cada vez que hubo un Niño fuerte tuvimos los mismos problemas”.
  2. Evitar la inacción o la parálisis por temor a anegamientos: Ante la capacidad de almacenamiento previa que aún presentan los suelos, el especialista recomendó no frenar planteos productivos de alto rendimiento en lotes bien drenados: “Analicemos el fenómeno paso a paso para no desaprovechar oportunidades por un temor eventual (...) cualquier decisión que tome una empresa agropecuaria preventivamente está bien fundada en información científica”.
  3. Evitar descuidar el monitoreo sanitario de los cultivos: La combinación de días nublados, temperaturas frescas y alta humedad crea un ambiente propicio para patógenos: “Pasó esto: un aumento de la cantidad de días nublados y de alta humedad (...) son años muy importantes desde el punto de vista económico en cuanto a enfermedades, plagas y malezas, entre ellos Fusarium”.
  4. Evitar esquemas de manejo homogéneos y descuidar el trabajo por cuencas: Las decisiones de densidad, fertilización y fecha de siembra deben adaptarse a la topografía de cada lote (lomas, medias lomas y bajos) y al paisaje: “En muchas regiones tenemos que observar la topografía (...) e interpretar la necesidad de trabajar por cuencas. Tenemos que trabajar y organizarnos acorde a cómo es la dinámica del agua”.
  5. Evitar demoras en la logística y ejecución de labores: Con frentes de lluvia más seguidos, las ventanas de trabajo se acortan: “Disminuyen los días entre lluvias, entre un evento y otro tenemos menos cantidad de días, menos piso. Entonces es muy importante sumar las decisiones rápidas desde el punto de vista agronómico en todas las cuestiones que tienen que ver con manejo, aplicaciones y siembra”.